«Cualquier confusión induce desilusión»


— ¿Que me dedicas qué? —dijo la chica de las trenzas.
El cigarro sabía como debían saber sus labios. Lo tiré al suelo.
—La canción.
—Es curioso que siempre entendiera alive. —miró un momento la letra que acababa de tatuarle. Luego torció los ojos hasta las cicatrices de las muñecas, que brillaban, parecían protestar aquella noche. No debían querer que les hicieran sombra. Tampoco la dueña.
—Creo que ha llegado la hora de llamar a Papá Michael. Alguien tiene que ayudar a volver a casa al pequeño que se nos ha colado.
—Sí, llámalo. —imité el tamaño de su crucifijo con las manos. Me rozó con las uñas monstruosas la sonrisa socarrona. —Arráncame los labios de la sonrisa, ya de paso. O a él le encantará pisotearla.
No sé cómo la chica de las trenzas ya tenía un cigarro en su bonita boca. Sonrió. Casi se le cayó la colilla de lo amplio, pero no lo hizo y a mí me fascinó. Tal vez si no me mataban me podría enseñar. Pero me iban a matar igual.
—Eras demasiado bonita para follarte sin morir. Lástima de resaca de la confusión. Pero va, al menos arráncame. Arráncame, ya que para esto no hay frenos.
—Te arrancaría las piernas a bocados —murmuró.


Comentarios

Claudiettha J.V. ha dicho que…
Que bonito el texto *-*
Escribes de maravilla
andii* ha dicho que…
Eras demasiado bonita para follarte sin morir.
Esta frase me mata. Me ha encantado :3