algůn dia me condenaran
y me gustaran las vistas




"A la llegada de Hércules al Olimpo,
Atlas
sintió redoblar el peso sobre sus espaldas."


Μεταμορφώσεις.




( recomiendo poner la música ►
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jueves, 10 de enero de 2013

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La ruleta no había dejado de dar vueltas en toda la noche ni siquiera cuando prendió el incendio.
Alguien me cogió de las muñecas y me agitó y cuando me reí soné a una muñeca.
— Suéltame —dije brusca aunque me reía. Me dejó caer con asco y me enredé en el vestido de vuelo cuando casi me quebraba de dolor al caer.
—Está colocada, jefe.
El eco de voces se me empezó a meter dentro de la cabeza y mi risa entrecortada se transformó en una especie de continuo jijiji que me salió de las costillas.
—Cómo daba vueltas la tostadora, ¿verdad?
Yo oí el sonido de la pistola pero lo más seguro es que ellos no me oyeran a mí advertirles que les iba a matar.
—¿Nunca habéis probado lo que es meter los dedos?
Dejaron su discusión susurrante y mira por dónde conseguí ponerme de pie tambaleante. Entonces me reí de verdad y eso les calló cuando se me estremecieron las clavículas hechas risa porque se acordaban del último poeta que escribió por sus líneas.
El vestido se medio resbaló por los hombros y recordé al último que hizo ese recorrido mientras me acercaba a la pistola hecha deseo.
—Yo os lo enseño —el mundo se fijó un instante en su eje cuando les tendí mis manos y los dos bobos hechizados las cogieron. Y claro que mientras babeaban ya no recordaban de qué iba el juego.
La descarga de las manos de la bruja riente les arrojó al suelo y me deshice de sus dedos mientras me subía el vestido notando la piel fría. Y ya no había risa.
Atrapad a otra bruja con ese cuento, pequeños enchufados a la tostadora...
La vista se me resbaló hacia el reloj mientras me atacaba la risa entre las costillas, muriéndose por caricias, la bruja quiere mimos, diantre...
—Seiscientos treinta y dos mil cuatrocientos noventa y siete. —les evité con cuidado y decidí que había llegado la hora de calentarse un poco con fuego. Así que bajé a girar la ruleta cantando tu nombre en lugar del número mientras con un chasquido prendía el incendio.
— Seiscientostreintaydosmilcuatrocientos  noventa y ocho. —dijeron algunos que cantaba el casino al arder. — Seiscientostreintaydosmilcuatrocientos  noventa y nueve...


6 comentarios :

La chica de los chicles dijo...

me ha encantado el texto! realmente, creo que no acabo muy bien de entender que pasaba con la bruja loca esa pirómana pero igualmente hahahaha
Saludos de la chica de los chicles, que espera no acabar algun dia tan ida como ella
http://lachica-deloschicles.blogspot.com.es/

andii* dijo...

Me fascina, que bruja tan especial que dan ganas de conocer solo para salir huyendo unos segundos después.
Tantas almas calcinadas y atrapadas.
Oh, esa pequeña bruja, quiero saber más de esta historia, de su pasado estremecedor.

abrazos ( de oso )

H. dijo...

Tal vez lo que más me gusta de cómo escribes es que hay que centrarse, entender palabra por palabra lo que intentas susurrar. Me encantas.

Mandarina dijo...

Creo que me he perdido mucho en la ausencia...tendré que ponerme al día ;)

Cé. dijo...

Llegué aquí recomendada. Buena recomendación.

Alba B. Netz dijo...

"El vestido se me medio resbaló por los hombros y recordé al último que hizo ese recorrido".
Sin palabras, tengo una gran fascinación por aquellos que saben utilizar las palabras para dar vida a la sensualidad de una manera tan casual.
(Y todo el texto es fantástico, pero me apetecía hablarte de esa frase en concreto).
<3