algůn dia me condenaran
y me gustaran las vistas




"A la llegada de Hércules al Olimpo,
Atlas
sintió redoblar el peso sobre sus espaldas."


Μεταμορφώσεις.




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viernes, 10 de agosto de 2012

«Yo no valgo para mentir».
Resistió heroicamente el impulso de salir corriendo. Al lavabo. Necesitaba lavarse las manos. Estaban empapadas. El sudor. Los nervios y el miedo, en otras palabras.
La iglesia estaba llena, pero ella se juró que solo se oían sus tacones. Era un funeral. Ella vestía el impoluto blanco, luto en China, y caminaba a su ataúd. Y cada lentamente esbozada palabra del cura era un pequeño clavo más.
«Yo no valgo para mentir». Paseó sus ojos por lo que tenía enfrente.
Un hombre calvo que decía palabras que no parecía creer. Un joven de traje que parecía querer hacer estallar su mano. Y la talla de un hombre clavado a una madera que la miraba, triste.
'No te condenes', pedía.
No valgo para eso. Me corroe. Me corrompo.
Todo había empezado con su madre, aquella mañana, cogiéndola de las manos para decirle que si estaba segura. Había sido la primera mentira del día. 'Sí, mamá. Le quiero'.
Y lo sabía. Como la promesa de la muerte, de la sonrisa. Ambas llegarán. A veces pretendemos olvidarnos.
La siguiente mentira.
Sospechó que su vida iba a estar repleta de ellas en adelante mientras se aclaraba la garganta:
Sí, quiero.

5 comentarios :

Miss Frenesí dijo...

Una pena que haya demasiadas vidas así, construidas en base a mentiras.
Un beso enorme bonita :)
(creo que se te han colado alguna consonante por aquí:lentamebte)

andii* dijo...

Las mentiras son esas que esconden secretos, que arruinan la vida… alargándola un poco más de una manera torturosa.
A veces se comenten errores, a veces se dicen mentiras… pero es decisión de la persona que hizo lo que hizo saber si valía la pena o no.

(abrazos azucarados)

Adriana dijo...

No hay nada peor que las mentiras.

Clara E. dijo...

Yo tampoco valgo para mentir. Siento como las manos se me empapan de sudor y me es imposible mirar a la otra persona a los ojos. Aunque, de todos modos, tampoco me gusta hacerlo.
Las mentiras, buenas o malas, no sirven para nada. A la larga siempre terminan haciendo daño, destruyéndonos por dentro y por fuera, a los demás o a nosotros mismos. Yo no creo es eso de que a veces es mejor no decir la verdad, eso de las mentiras piadosas. Pero sí que creo que nunca es tarde para cambiar de camino, para elegir de nuevo.

Todos tenemos segundas oportunidades, cada día es una distinta. Así que, si de verdad lo desea, aún puede decir que no.

Me ha encantado, no esperaba este texto. Elegante y conciso. Sin ni una palabra de más. Enhorabuena :)

(miaus de limón)

Elito dijo...

Brutal. Hasta el último momento no he entendido bien lo que pasaba, pero cuando lo he hecho... brutal.