Era evidente a dónde íbamos a llegar. Al suelo. Al suelo, a comérnoslo, a estrellarnos contra él.

Y aún así lo intentamos. Lástima que seamos mezquinos, que seamos humanos.

Lástima que los dioses no vayan a tener en cuenta el calor de nuestro pecho al intentarlo cuando juzguen nuestro fracaso.

Te consolaré. Te abrazaré justo antes de escuchar la condena que ya sabemos, y te susurraré sonriendo: «Nunca podrán sentirlo».

Reiremos y será lo último que nos oirá el mundo. Que hubo dos pequeños humanos más que notaron arder su fuego y no se rindieron.

Comentarios

Agnes ha dicho que…
Me encanta que se nombren a los Dioses en los textos !
Es bonito, incluso te diría que escribieras una historia con esos personajes, que me he quedado con curiosidad... :)
Nazaret Coquette ha dicho que…
¡Claro que sí!
Una vez más diré que la esperanza es lo último que se pierde, pequeña Clío :)
(qué los Dioses y tú siempre tendréis un pequeño huequecito en mi corazón♥)

*mimitos
desde
Nunca jamás*
Yüe Béret ha dicho que…
Y como siempre, BRA-VO

latidos llenos
de morfina
Miss Frenesí ha dicho que…
Tienes toda la razón. Los humanos no paramos hasta que tenemos el sabor del asfalto en nuestro paladar, y a veces, ni aún así.
Eres genial Clío :)
andii* ha dicho que…
Rendirse es de cobardes, aunque se sepa el final.
Me encanta :)

(ositos
de goma)