algůn dia me condenaran
y me gustaran las vistas




"A la llegada de Hércules al Olimpo,
Atlas
sintió redoblar el peso sobre sus espaldas."


Μεταμορφώσεις.




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sábado, 9 de abril de 2011

Fumar mata

Siempre he dicho que empecé a fumar por mi madre.
Ojito, no 'por culpa de'.
  Cuando yo tenía diecisiete años, mi padre murió en un accidente. Se estaba duchando por la mañana cuando cayó y se golpeó en la cabeza. Cuando me levanté para ir a clase, me alertó el ruido del agua, porque debería haberse ido un rato antes.
  Así empezó la depresión de caballo de mi madre. Se recluía en la cocina para fumar, como hacía con mi padre. El problema fue que, sola, se enclaustraba allí mucho más a menudo, durante más tiempo.
No tuve más opción. Tenía que hacerle compañía.
  Al principio, mi madre intentaba echarme, hecha un manojo de nervios. Luego, abríamos la puerta de la terraza para que la cocina se ventilase un poco. Pero ni así, yo sentía que me ahogaba entre la depresión de mi madre, mi propia tristeza, y ese humo ponzoñoso que envenenaba mis pulmones simplemente flotando entre mi madre y yo.
  Sólo me quedó una salida. Yo, la cría que siempre decía a sus padres que dejasen de fumar, que les chantajeaba, que escondía su tabaco.
  Fue fácil, relativamente. La primera vez que lo probé, creo que no morí de un ataque de tos y lágrimas porque mis amigas me distraían con sus idioteces, me imitaban cuando tosía para que me riese. Poco a poco, con el paso de los días, fue más fácil. Con una voluntad de hierro, decidí que nunca fumaría más. Eso hice, durante años jamás aumenté la cantidad de aquella basura quemada que me metía en los pulmones.
  Cuando lo llevé mejor, se lo dije a mi madre. Cómo se mosqueó, la pobre mujer. Pero funcionó. Fumando con ella en aquel cuarto, me contaba cómo se sentía, y yo intentaba animarla. Además, di rienda suelta a un impulso que la endemoniada sociedad nos ha metido, con Hollywood, los cuentos y novelas, la publicidad, la legalidad de una droga: estar nerviosa, y fumar, ese juego en el que todos los niños caen cuando en invierno pueden simular poseer ese lujo de mayores que les está vedado.
  Sí, sabía a qué mierda me exponía. Lo supe en todo momento. Pero ayudé a una madre. Eso que nadie lo dude. Sólo por eso me expuse al cáncer de pulmón, de piel, de laringe, de lengua, y volvería a hacerlo. No me importa el cáncer que, efectivamente, ha surgido en mi cuerpo, que va extendiéndose por mis órganos y matándolos. Volvería a ayudar a mi madre. Siempre tomaría el mismo camino, una y otra vez, aun sabiendo cómo acabaríamos.

6 comentarios :

Blanca G. dijo...

Siempre que no te arrepientas, todo lo que hagas está bien. Lo malo es cuando dudas de si has cometido un error.
Espero que este relato no sea cierto...
Un beso :)

LaU dijo...

Por una madre nos exponemos a todo :)

saywhatyouthink dijo...

Es una historia fantástica, y espero que esa madre se de cuenta de que, a pesar de que su hija puede haber cometido MIL errores, puede contar con esa chica para lo que le haga falta, aunque sea para "autodestruirse".

Kiros dijo...

Fuss, todas las personas esperamos que nuestros problemas se calcinen como se va calcinando un cigarro, pero lo cierto es que se calcinan otras cosas, como este momento de excelente lectura. Una vez más, felicidades.

Mandarina Fruitti dijo...

Es una historia cierta? me has dejado un poco asustada....yo perdí a alguien por el tabaco y soymuy sensible con ese tema... :(

Mr. X dijo...

Es perfecto, tenías razón me encantó
Un beso